[Artículo de opinión; puede herir sensibilidades] Hace unas semanas decidí instalarme Ubuntu 8.10, para irme iniciando en el mundo de Linux. Tomé esta decisión por ganas, por tener por fin mi ordenador portátil y por la recomendación de varios amigos a través de Internet. ¡¡Pobre de mí!!
Al principio, las primeras dificultades llegaron con el intento de descomprimir un simple fichero comprimido en RAR. Instalé el programa necesario con un sencillo gestor de aplicaciones, pero… necesitaba unos archivos para descomprimir RAR, archivos imposibles de instalar porque ya no estaban disponibles. Después de intentarlo con varios programas, desistí. Depués de varias (bastantes) trabas más, que no me apetece recordar. Así que decidí desinstalar Ubuntu Linux.
Pero la cosa no acababa aquí. Para ello tendría que formatar las particiones en las que se alojaba Ubuntu. Y el gestor de particiones de Vista no era capaz de leer el formato de archivos Ext3, por lo que necesitaba otra herramienta. Escogí una herramienta basada en Linux, GParted. Un LiveCD que era capaz de leer, formatear y redimensionar particiones en cualquier formato de archivos. A quien le insterese esta herramienta, más aquí.
Pero si me cargaba directamente esas particiones, GRUB, el gestor de arranque de Linux, me iba a traer problemas. Primero necesitaba restaurar el Master Boot Recorder (MBR) de Windows Vista. Para ello necesitaba los CD’s originales para reparar mi instalación. Y, por supuesto, no los tenía. Así que a buscar otra forma de reparar el MBR de Windows. Para ello escogí el Super Grub Disk. Primero reparé el MBR de Windows (casi me cargo el PC, no por ignorancia, sino por falta de funcionalidad del SGD), y luego formateé las particiones Ext3 (muy fácil, un 10 para GParted).
Así que después de esto, me reafirmo en lo que dije hace tiempo. I’m a PC.
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